edicion 2014 


  • Diego Jaramillo Velarde (Bolivia)

 

 

El andar pausado, metódico de Diego Jaramillo, lo ha llevado de Cochabamba la ciudad que lo vio nacer a Santa Cruz Bolivia, a Nueva York, Haití y ahora, España. En sus oídos resuena la musicalidad de diversas lenguas y acentos. Sus ojos han atestiguado lo radicales que pueden ser los extremos: la opulencia y la pobreza, el derroche de recursos y la ausencia de lo más básico, la posesión de la nada. Siempre defendió que la educación era el instrumento para tomar mejores decisiones, discernir ideas, plantearse otras formas de pensar; pero sobretodo, era indispensable, para salir de la pobreza; la educación y la voluntad. No sabe con certeza por qué estudió periodismo. Pero su vida ofrece algunas respuestas: A los 19 años, durante el periodo que prestó servicio militar, trabajó en Haití, donde vio de cerca la desigualdad y la ausencia de recursos básicos. De regreso a su país, fue voluntario de un centro cultural que promovía actividades para jóvenes en zonas marginales. Experiencia que permearon en el tipo de periodismo que comenzaría a desempeñar como reportero de Semanario Uno y como fundador de una radio comunitaria parlante que se valía de bocinas en las plazas públicas para hacer escuchar su voz. En Madrid España, labora en la sección para Latinoamérica de Europa Press dónde colabora en la edición de notas. A sus casi 26 años, no ha cesado de recorrer distancias, llevar a cabo proyectos comunitarios e incentivar a los jóvenes a superarse a través de talleres educativos. Porque la educación es instrumento que, en las manos correctas, rompe las murallas de la pobreza, para apreciar (y recorrer) al mundo.



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