edicion 2014 


  • Aminta Yadira Montes (Guatemala)

 

 

En la vida de Yadira no existen las recetas. Alguien le dijo alguna vez, y otra vez se lo repitieron, que la cosa sería difícil. Siempre lo supo, pues la cruda realidad se encargó de demostrárselo. Lejos de acobardarse con las cicatrices de las caídas, se subió al “triciclo de la educación” –lo repite a menudo- y ya jamás lograron bajarla. Desde sus inicios a los cinco años en radio Cucarachita, el medio que ella misma ideó cuando aún desconocía los conflictos armados de Guatemala, supo que el periodismo sería su tabla de salvación. Sin embargo, pudo ser maestra y hasta ejerció como secretaria. También intentaron que deje de ser zurda, pero no lograron torcerla. Eso la hizo la mujer rebelde y fuerte que es, aunque ella se defina como “pura inseguridad”. Una “subversiva” más, amiga de sus amigas, que evitó que su Maestría en Comunicación para el Desarrollo naufrague a fuerza de resistencia. Yadira no conoce razones, se mueve por la cocina como un artista se enfoca en su lienzo; así, como se lo enseñó la tía Elcira, su angel guardián. Pidió (obligó/forzó) una prueba en Nuestro Diario para demostrarse lo que podía ser y allí se quedó trabajando durante seis años, primero en Espectáculos y luego en Familia. Mientras viajaba en una lancha hacia San Juan La Laguna, por un reportaje, una indígena y un artículo recortado sobre las propiedades de la remolacha la hicieron caer en la cuenta de la valía de la información bien dada. Olvidó la entrevista con Iberis por agotamiento, pero lloró hasta perder el aliento cuando una voz del otro lado del teléfono le confirmó que se había ganado la beca días más tarde, mientras no pensaba en nada. En España trabaja con Servimedia y perfecciona su plan de “visibilizar a los invisibles”, mientras recuerda a Miguel Ángel Asturias y sus Hombres de maíz, aquel libro que la marcó a sangre y fuego. “El periodismo tiene que tener cara y nombre”, dice la que, a pesar de creer que no está a la altura, pisa con pasos de gigante y con la ternura de los compasivos.



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